Solidaridad con Liliany Obando, presa política

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Un año después de ser arrestada por la policía colombiana y encarcelada en la Prisión de Mujeres Buen Pastor de Bogotá, el juicio de Liliany Obando está programado para el 27 de agosto. Cuando fue arrestada, la ex vocera internacional de la FENSUAGRO, la Federación Nacional Sindical Unitaria Agropecuaria, estaba al punto de divulgar su informe detallado sobre los asesinatos o desapariciones de 1.500 activistas de FENSUAGRO en el curso de 29 años. Ella es madre de dos niños pequeños.

Por muchas buenas razones, Liliany Obando cuenta con el respaldo de un movimiento mundial de solidaridad.

Primero, es una personalidad política extraordinaria: cinematógrafa, candidata al doctorado en sociología, y dirigente en las campañas internacionales y a favor de los derechos humanos de FENSUAGRO. En sus propias palabras, es “presa política, presa de conciencia, activista comunista, y sobreviviente del genocidio perpetrado contra la Unión Patriótica”. Oficiales colombianos la ven como liga peligrosa entre FENSUAGRO y activistas pro derechos humanos a través del mundo.

Segundo, las evidencias en su contra son descabelladas. Se la acusa de rebelión, cargo caracterizado por su abogado como “muy difícil de defender; en realidad, no es cuestión legal”. Queda acusada de haber recaudado dinero para las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC). En realidad, pasaba varios años viajando por Australia, Canadá y Europa buscando donativos para programas educativos y de derechos humanos de FENSUAGRO.

Las acusaciones de nexos con las FARC se basan sobre mensajes electrónicos supuestamente encontrados en las computadoras de Raúl Reyes, confiscadas el año pasado cuando militares colombianos mataron a este comandante de las FARC en territorio ecuatoriano. Confesó recientemente el encargado del operativo militar que solo fueron encontrados documentos textuales sin nada de correo electrónicos. La agencia internacional policíaca INTERPOL se ha negado a autenticar las evidencias del gobierno porque esta clase de materia puede ser falsificada muy fácil.

Tercero, el apoyo a Obando significa solidaridad con FENSUAGRO, el segundo sindicato laboral más grande de Colombia. De los 80.000 sindicalizados de sus uniones integrantes, la mitad son campesinos sin tierra, el 30 por ciento son pequeños propietarios, y el 20 por ciento son aparceros. El 43 por ciento son mujeres. De los sindicalistas colombianos asesinados en 2007, el 20 por ciento eran de FENSUAGRO. El ejército y los paramilitares han tomado represalias de una clase u otra contra 5.000 integrantes de este organismo laboral.

“Somos una organización clasista”, dice el sitio de Internet de FENSUAGRO, 'clasista porque defendemos al campesinado y luchamos contra los terratenientes, latifundistas, las transnacionales y la política anticampesina que desde el régimen se legislan”. Entre sus metas se cuentan la seguridad alimenticia para Colombia, la reforma agraria, derechos para los trabajadores del campo, la democracia participativa y un mejoramiento a la situación de las comunidades del campo.

Cuarto, con apoyar a Obando uno protesta en contra de la encarcelación de 7.200 otros presos políticos en Colombia. En una entrevista con Garry Leech (vea colombiajournal.org) realizada en la prisión, también revela Obando las experiencias de estos. Cuando fue arrestada, la televisión nacional cubría el cateo de su apartamento en vivo y directo. Sus niños y madre fueron maltratados. Obando y 83 otras mujeres detenidas como presas políticas en su sección – sindicalistas, guerrilleras, estudiantes, campesinas y organizadoras comunitarias – son todas acusadas de “rebelión”. Tres personas comparten dos literas en una celda de 8 por 5 pies. Están obligadas las prisioneras a trabajar sin pago por compañías de afuera.

Quinto, lo que le pase a Obando bien puede ser más tarde la suerte que les pueda esperar a muchos otros activistas pro derechos humanos, dirigentes comunistas, periodistas de izquierda y políticos izquierdistas perseguidos por el régimen como simpatizantes de las FARC. Un veredicto de no culpable serviría como impedimento a la ola actual de persecución. Una declaración de culpabilidad echaría más combustible a la caza de brujas.

Sexto, Liliany Obando es revolucionaria. Obando le dijo a Leech que ella y sus compañeros tienen pleno derecho a rebelarse. Ha llegado el momento para que le den la mano en su lucha por la libertad los que rechacen a la oligarquía y a sus amos imperialistas.

“El gobierno de Álvaro Uribe muestra muchos aspectos del fascismo”, dijo ella. “Odia a la oposición y a los pobres. Es un gobierno fundamentalmente oligárquico que sirve a la clase dominante y a los multinacionales. Es un gobierno que ha entregado nuestra soberanía a Estados Unidos y que ha obsequiado nuestros recursos. Es un gobierno que se niega a participar en cualquier proceso de paz. Es un gobierno de guerra. Es un gobierno que miente”.