Sudamérica – El virus del neoliberalismo sigue suelto

LA HABANA (Prensa Latina) – La crisis financiera que hasta hace poco tenía como principal víctima a la Argentina, se expandió con fuerza en los últimos seis meses por la amplia geografía sudamericana, infestada sin contemplación por el virus del neoliberalismo.

De acuerdo con los analistas, los altos endeudamientos externos, extremos niveles de déficit público, presiones políticas y la influencia de los inversores, el Fondo Monetario Internacional (FMI) y otras, fueron aspectos esenciales del desencadenamiento de una crisis que cada vez se extiende más.

Razón de ello, pueden hablar hoy los gobiernos de Argentina, Brasil, Uruguay, Paraguay, Ecuador y Bolivia, que han sufrido en su interior la falta de recursos para enfrentar los múltiples problemas de naciones empobrecidas.

Argentina, la nación mas afectada de la región y con compromisos externos que sobrepasan los 140 mil millones de dólares y con el 53 por ciento de la población empobrecida, marca la línea de los principales estados en crisis.

En los primeros días de septiembre, Argentina sigue prácticamente en ascuas y sin nada concreto sobre las propuestas del FMI de brindarle una eventual ayuda.

Los anuncios de apoyo son varios, pero en concreto los argentinos continúan con el “corralito financiero” (congelamiento de los depósitos) encima.

La agencia norteamericana de calificación financiera Moody’s estimó recientemente que ante la ausencia de un respaldo monetario inmediato, es probable que las condiciones económicas y financieras de ese país sudamericano se deterioren más en las próximas semanas.

El vaticinio de Moody’s parece que se hará realidad, si tenemos en cuenta las últimas declaraciones del vocero del FMI Thomas Dawson de que “no habrá nada definitorio sobre Argentina hasta que los políticos de esa nación no se pongan de acuerdo en materia de pedir y pagar.”

Dawson indicó que la falta de un consenso en política monetaria y en el sistema bancario en Buenos Aires son las dificultades principales para avanzar hacia un entendimiento sobre asistencia financiera.

La administracion del presidente Eduardo Duhalde busca un acuerdo con ese organismo desde que asumió el poder en enero pasado y en ese proceso cumplió una larga cadena de condiciones, incluida la derogación y modificación de varias leyes en detrimento de las clases populares.

Sin embargo, esa obediencia solo ha recibido nuevas exigencias desde Washington, desde donde se demanda ahora una nueva reestructuración del sistema financiero y la imposición de límites a las operaciones de la banca nacional.

Argentina busca acceder a un préstamo de nueve mil millones de dólares para refinanciar sus deudas con los organismos internacionales de crédito.

El reconocido economista norteamericano y premio Nobel de economía Joseph Stiglitz destacó recientemente ante la prensa la importancia del Estado y su responsabilidad en esta nueva era de práctica neoliberal.

Para Argentina lanzó una advertencia: “La plata del FMI no ayudará a reactivar sus empresas, ni sacará a esa nación de la pobreza, sino al contrario, la sumirá en un abismo de miseria mayor.”

Desde el corazón mismo del sistema, Stiglitz se ha convertido en uno de los más duros críticos de las recetas globalizadoras del FMI sobre los países de América Latina y el Caribe.

El argumento de que los países latinoamericanos en crisis no tienen otra alternativa que negociar con la banca extranjera es falso, afirmó el premio Nobel, quien indicó que la región “tiene otras alternativas.”

El economista puso el ejemplos de tres países en descalabro que hicieron todo lo contrario a lo recomendado por el Fondo y salieron del problema en un tiempo breve.

Puntualizó que Malasia, en plena crisis, dijo al FMI, no vamos a seguir las indicaciones de la ayuda, e hicieron todo lo contrario al control de capital, política fiscal y de gastos y mantuvieron las tasas de interés bajas. Resultado: una rápida recuperación económica.

Igualmente hicieron Rusia y China en sus momentos mas críticos con la ejecución de métodos propios y contrarios a las recetas del Fondo y del Banco Mundial (BM).

Otros economistas con visiones del futuro, tales como el estadounidense Martin Feldstein, dijeron que Argentina, Brasil y Uruguay no necesitan el dinero del FMI para salir de la crisis.

Advirtió que en caso de que esos países logren complacer al Fondo y consigan algún dinero, la mayor parte de esa plata volverá, como por arte de magia, a las arcas del FMI, al BM y otras entidades crediticias.

Feldstein subrayó que estas naciones lo que necesitan es echar a andar sus mecanismos productivos con bienes y exportarlos, aplicar políticas internas de devaluaciones de sus monedas e inversores para impulsar la inversión.

Lo que pasa, dijo, es que el dinero que dan a los gobiernos, no va a las empresas, sino que se coge para pagar los intereses de la deuda y por lo tanto la plata vuelve a las bóvedas del gran capital.

Las autoridades de la banca transnacional y de Estados Unidos se empeñan en culpar a los países en crisis de sus males y de no saber administrar los recursos.

Lo cierto es que el llamado efecto contagio argentino reventó con dinamismo a principios del mes de agosto en Uruguay y Brasil, los que vieron caer sus reservas monetarias con una fuga masiva de capital y devaluaciones estrepitosas de sus monedas.

En el caso de Uruguay, nación de unos tres millones de habitantes, éste vio disminuir su capital internacional en los últimos tres meses en un 79 por ciento, para totalizar hasta el 31 de julio último 655 millones de dólares.

Esta situación despertó la desconfianza de los acreedores, a los que Uruguay debe mas de nueve mil 180 millones de dólares.

Datos del Ministerio de Economía de esa nación sudamericana demuestran que Uruguay esta en recesión desde 1999.

Ante el peligro de una debacle mayor que los podía afectar, las entidades financieras no dudaron en “socorrer” a algunas de estas naciones en dificultades.

Es así que para evitar otro argentinazo, la banca extranjera anunció con bombo y platillo el blindaje (préstamo) de 30 mil millones de dólares para Brasil y unos mil 200 millones para Uruguay, que serian desembolsados escalonadamente en las próximas semanas y hasta los primeros meses del 2003.

La profundización de la crisis en Brasil, el otro infestado, se basa principalmente en factores económicos externos impulsados por el FMI, el Banco Mundial y el gobierno de Estados Unidos que bajo la bandera del neoliberalismo someten cada vez más a estas naciones.

Los elementos fundamentales de la situación económica brasileña son el endeudamiento interno y externo del Estado, que equivale al 54 por ciento del Producto Interno Bruto (PIB).

La moneda brasileña (el real), que hasta finales de agosto acumuló una devaluación del 34 por ciento, posiblemente continúe depreciándose en septiembre ante la extrema turbulencia que amenazan los mercados, según los expertos.

Por lo pronto, en Brasil todas las miradas están puestas en las negociaciones con el FMI, las que parecen durarán todo el mes de septiembre de este año.

El presidente del Banco Central brasileño, Arminio Fraga, dijo recientemente que “hasta que no haya un acuerdo con el Fondo, el Real no recuperará” el espacio perdido.

Por su parte, el gobernante brasileño, Fernando Henrique Cardoso, se quejó ante la prensa internacional de los actuales mecanismos de ayuda a países que enfrentan dificultades financieras.

Ecuador, Perú y Paraguay viven también días complicados con continuas olas de huelgas que cada vez se hacen más sistemáticas en protestas contra la política neoliberal que impulsa Estados Unidos.

Un triste cumpleaños tuvo el 29 de agosto la política económica de mercado neoliberal en Bolivia, al ser cuestionada en un drástico análisis especializado y en manifestaciones callejeras, a tiempo de confirmarse que el país está al borde del colapso.

Tanto la Central Obrera Boliviana como la Confederación de Maestros Urbanos y el Comité de Defensa del Patrimonio Nacional, entre otras agrupaciones, se han pronunciado en marchas de repudio a esa línea, de fuerte énfasis de privatización.

Las movilizaciones que también se han producido en la mayoría de los países latinoamericanos, invocaron lo que sus organizadores consideran fracaso de la economía de mercado neoliberal y sus efectos en el agravamiento de los problemas sociales y la degradación de la calidad de vida de los bolivianos, en beneficio de las transnacionales.

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