Mujeres que necesitan descanso

El derecho de la mujer a dormir toda la noche, a pasar unos momentitos en silencio, vacaciones regulares – estas son algunas de nuestras metas, junto con el mismo derecho para los hombres, con buenos trabajos, igualdad social, y seguridad para todos.

La “Wal-Martización” es otra manera de decir “globalización capitalista”. Ha traído a decenas de millones de trabajadores por todo el mundo la falta de sueño que viene con el trabajo de noche innecesario, la falta de privacidad que acompaña a la gran pobreza y la inseguridad, semanas de trabajo de siete días, sin vacaciones, y cantidades industriales de horas extra que a veces ni se les pagan nunca. Las mujeres, con el peso de responsabilidad por los niños y muchas veces los trabajos peor pagados, han sufrido algunos de los más fuertes golpes de la globalización.

Un reporte reciente divulgado por Oxfam, basado en una encuesta de 12 países, documenta cuidadosamente estos resultados de la globalización capitalista (“libre comercio”). El documento, “Comerciando con Nuestros Derechos”, tiene como su enfoque a las mujeres trabajadoras, e ilumina los paralelos terribles en las condiciones de trabajo en fábricas por todo el mundo, desde Bangladesh a Marruecos, y de Sri Lanka a EEUU, y de la industria de ropa hasta los campos de flores.

“Tenemos a una fuerza de trabajo que consiste de mujeres muy jóvenes”, dice el gerente de una fábrica de ropa, citado en el reporte. Su fábrica en Marruecos produce para el “Wal-Mart” de España, “El Corte Inglés”. “Preferimos contratar a mujeres porque las encontramos más disciplinadas”, dice. “A veces, las mujeres tienen que estar despiertas trabajando toda la noche, y entienden perfectamente bien la necesidad de esta flexibilidad”.

“Hay gente que trabaja día y noche, día y noche sin dormir, porque se les dice “No estás haciendo la cuota, y la fecha de envío se acerca”, dice una operadora de máquina de coser que trabaja por un contratista en Kenya, produciendo para la Wal-Mart.

“Yo usaba de enviar a trabajadoras al hospital todas las semanas – estaban sufriendo de agotamiento completo, pérdida de conciencia, pérdida de razón”, dice un ex subcontratista en Tailandia. “Cuando se me enfermó a mi hija”, cuenta una trabajadora camboyana en una fábrica de ropa, “tuve que dejarla para ir al trabajo, porque si no haces horas extra, te despiden – y no importa a qué horas de día o de noche”.

“Una vez, comenzamos a las 10 de la mañana y terminamos a las 6 de la madrugada del día siguiente”, dice una mujer contratada a cosechar uvas para la Dole en Chile. “Como no hay transporte, no puedes decir, ‘Basta ya, me voy a la casa’”.

En un caso más cercano, “Dentro de los últimos seis años, han habido cinco casos federales por esclavitud en el sector de agricultura de Florida”.

Los hechos documentados en el reporte de Oxfam son conmovedores. Pero, aun así, sus conclusiones son débiles e ineficaces. El reporte llama a Wal-Mart, Target, Nike y otras compañías poderosas “a hacer del respeto a los derechos laborales una parte íntegra de sus estrategias empresariales de cadena de abasto”. El contenido del reporte indica una profunda hostilidad hacia los trabajadores.

Similarmente, el reporte llama al FMI y al Banco Mundial a promover a los derechos de los trabajadores en todas sus operaciones”. Sin embargo, el reporte recuenta como el FMI y el Banco Mundial durante todos los años ‘80 y ‘90, recomendaron y exigieron por las condiciones de sus préstamos, que los gobiernos hagan más “flexibles” sus leyes laborales. El FMI, así como el Banco Mundial, “empujaron políticas para aumentar la utilización de contratos temporales, a reducir beneficios de maternidad y seguro social, aumentar horas extra, y recortar los salarios mínimos” en países alrededor del mundo.

En contraste completo, el derecho a la sindicalización y a la negociación colectiva se ha dejado a un lado. En 1999, James Wolfensohn, presidente del Banco Mundial, dijo que su institución no apoya a estos derechos, porque “no se involucra en la política nacional” interna de los países. El FMI y el Banco Mundial sirven a Wall Street, que también controla a Wal-Mart, Nike, etcétera.

El reporte no examina a las deudas a Wall Street, aunque la deuda es la fuerza motivadora tras la colusión bien documentada entre gobiernos y patrones locales para debilitar y desvalorizar a la fuerza de los trabajadores.

Vale la pena leer el reporte de Oxfam (maketradefair.com en el Internet). Las condiciones que se iluminan allí son explosiones sociales y políticas que ciertamente van a pasar. Para que se canalicen a estas explosiones hacia fines productivos, hacen falta sindicatos fuertes, más la unidad internacional política de la clase trabajadora. Es imprescindible – y poderosa – la participación de la mujer a todo nivel. Nos apunta el camino para asegurarnos el derecho a un tiempo de descanso, y una buena noche de sueño para todas y para todos.

Se puede comunicar con el autor a pww@pww.org.