En este mundo todas las luchas están vinculadas aunque no lo reconozcamos. En las noticias en los Estados Unidos, destaca la lucha para una reforma sanitaria. En México, destaca la lucha de los trabajadores de los servicios eléctricos.
Primeramente, el secretario del Trabajo de México, Javier Lozano Alarcón, negó reconocimiento ("toma de nota") a la reelección de Martín Esparza como jefe del Sindicato Mexicano de Electricistas (SME), un gremio independiente con tendencias izquierdistas. Esto es una acción para destruir el sindicato, pues sin esta "toma de nota" el sindicato no puede negociar convenios y en este caso, paró los pagos de la compañía estatal Luz y Fuerza del Centro, que proporciona servicios eléctricos a la capital y alrededores, y donde trabajaban todos los agremiados del SME, a las cuentas bancarias del sindicato.
Luego en la víspera del 10 de octubre, miles de policías antimotines irrumpieron en los planteles de Luz y Fuerza, desalojando a los obreros, mientras que el presidente derechista, Felipe Calderón declaró disuelta la compañía. Con un plumazo quedaron desocupados 44.000 empleados de la empresa. El SME negó considerarse inexistente, y ha estado organizando manifestaciones masivas. Se está apelando al Congreso y se prepara un amparo judicial.
El gobierno por su parte ofreció pagos de indemnización por despido, pero solo para aquellos trabajadores que aceptan abandonar su sindicato.
Esta semana, Esparza acusó que el Instituto Mexicano de Seguro Social (IMSS), que proporciona servicios de salud a los empleados del gobierno, ya pretende negar servicio de salud a los ex - empleados de Luz y Fuerza, incluyendo a un centenar de personas que necesitan servicio de diálisis para sus riñones. El mensaje es: acepte al programa antiobrero, o adiós a la diálisis
En los Estados Unidos existe una situación diferente de la de cualquier otro país rico y desarrollado, una gran proporción del pueblo recibimos nuestro seguro de salud por medio del patrón. En muchos casos estos planes salen de la negociación colectiva entre sindicato y gerencia. A menudo lo del seguro de salud sea más importante en las negociaciones laborales que los salarios.
¿Por qué se organizan las cosas así en los Estados Unidos y no en el Reino Unido, Francia, y otros países ricos y desarrollados? Tiene que ver con la historia específica de cada país. En varios países se organizaron planes nacionales de salud para todos después de la Segunda Guerra Mundial, cuando las fuerzas derechistas en la sociedad quedaban muy desacreditadas, y las izquierdas y los sindicatos habían aumentado de fuerza. Pero en los Estados Unidos, la embestida antiizquierda en los tiempos de McCarthy. El sindicalismo y sus aliados tuvieron que dar paso atrás y quedar satisfechos con la idea de que cada sindicato negociara un plan de salud para sus propios agremiados. Esto abrió la puerta para que el capital monopolístico convirtiera a los servicios de salud, y sobretodo el seguro de salud, en un negocio multimillonario, con suficiente dinero y poder para parar en frío a cualquier intento de reforma.
El hecho de que los empleados en los Estados Unidos dependen del patrón no solo por sus salarios sino, por así decirlo, por sus vidas, es un arma a la disposición del patrón para usarse en contra de los obreros. Muchas personas que odian a sus trabajos siguen trabajando por miedo de perder su seguro de salud.
El acto despótico del gobierno mexicano de cancelar los servicios de salud a los electricistas despedidos, 66 mil entre trabajadores activos y jubilados, nos puede enseñar algo.
Luz y Fuerza del Centro ha sido controlado por el gobierno mexicano desde los 1960. Pero aun así, es intolerable un sistema en el cual los patrones, sean particulares o del gobierno, tienen tanto control sobre el derecho de sus empleados a cuidado de salud.
Es urgente desvincular el acceso a cuidado de salud, y su financiamiento, de la relación entre patrón y empleado. Cuidado de salud debe ser un derecho de todos, y una responsabilidad de toda la sociedad. De no ser así, estamos en el mismo problema que tienen los electricistas mexicanos. Y nuestros líderes de corporaciones nos están diciendo lo mismo: Acepten nuestro programa antiobrero, o adiós a la diálisis.
Los electricistas mexicanos están recibiendo mucha solidaridad, inclusive del sector laboral norteamericano, con declaraciones fuertes de respaldo de parte de la AFL-CIO y obreros siderúrgicos, eléctricos, de los puertos y telefonistas norteamericanos.
Tenemos por delante de nosotros una lucha muy parecida. De hecho, es la misma lucha.

